lunes, 13 de febrero de 2017

Ofrenda al lector -y viceversa-

He culminado apenas la métrica
Y no obtuve las uvas maduras
Porque esta tinta no afloja
Pero sí
Destiñe en amarillento
Y soy los que escribieron antes
Que yo escribiera
Y que de mí un lector hicieron
Díscolo, perpetrado,
Apesadumbrado en una
Sordidez
Ciega de tempranillos
Amante
Que no golpea el nogal de
La puerta sino que
Abre el regazo
De las caléndulas del patio
Que apenas te pude mostrar
Y sin embargo ví,
A través del vidrio
- tirano de ausencias-
Topos huyéndole al olvido
Ciegos de olfato suntuoso que
Destrozan ya no sólo la 
Caléndula: tambíen el crisantemo.

Ese que buscan los guardianes
Del llanto impotente
Para arrojar desde el desvelo
Sobre el barco de ecos
Que surca el mar de fango
Erosionado
Y así creen honrarlos
-la fe es la ciencia de la creencia-
Y tanto creen que
Al final el cuerpo blanco,
Seco, rancio, impreciso y 
Absurdo
Es el náufrago rendido
Ante el martillo arbitrario
Y perpetuo
De la deidad.

Impermeables son sus paredes 
A la impericia de la memoria:

Era yo
Y yo soy los que escribieron antes de mí
Que se dejaron robar
Por lazarillos que oían
Donde otros sólo leen.

A ellos vine a honrar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario